¿Quién no se ha hecho
proposiciones de nuevo año alguna vez? Con el comienzo de un nuevo año, nos hacemos numerosos propósitos pendientes
de cumplir el resto del año. Entre estos, está el de aprender a decir NO. Y es que es algo bastante
generalizado el no saber decir no cuando realmente no se quiere hacer lo que
nos proponen.
Las causas de esto pueden ser
diversas tales como miedo a la reacción de la otra persona, a no ser
valorados, tenidos en cuenta, y a decepcionar. Esto último, sobre todo
sobresale cuanto más íntima es la relación con la otra persona, ya que existe
un sentimiento de “fallar” a la otra persona. Sin embargo, y en contra de los
resultados esperados al asentir siempre a todas las peticiones, lo cierto es
que la mayoría de las personas respetan más a aquellos que con asertividad saben decir que no, que a las personas que
siempre están a disposición de lo que se les pida ya que se perciben como con
más facilidad para dominarlas.
El poder de decir no cuando no estamos de
acuerdo con algo nos convierte en personas con criterio y dignas de ser
respetadas. Por lo que aprender a dar una negativa de manera asertiva como
respuesta cuando consideramos que no nos apetece aumentará nuestra autoestima,
al mismo tiempo que nos ganaremos el respeto de los demás y se incrementara el
nuestro propio. De esta manera, tomaremos las riendas de nuestra vida.
Muchos de estos miedos al enojo
por parte del otro los creamos en nuestra mente, y no son reales tal cual los vemos.
Una de las causas más importantes que consideran las personas que están
acostumbradas a aceptar siempre es el que nos vean o, peor aún, nos veamos a
nosotros mismos como personas egoístas.
Si actuamos siempre estando a
disposición constante, esto nos sumergirá en una dependencia total de los demás
y también nos veremos encerrados en esa imagen desde la que actuamos que hemos
creado de nosotros mismos, dejando un mar de posibilidades de actuación en el aire y, lo más importante, anulándonos el placer de decidir por nosotros
mismos.
Al contrario de esta visión de egoísmo, el
decir no cuando se desea es una forma de actuar con responsabilidad a los
deseos personales, denota madurez y autoestima. Es una manera de poner en
conocimiento a los demás nuestras prioridades, poner a prueba lo que se nos
valora y se nos quiere por ser NOSOTROS MISMOS. Nos va a permitir darnos cuenta
si las relaciones que mantenemos con los demás no se rompen al mostrar nuestras
opiniones reales o nuestras necesidades sin tener que agradar.
¿Cómo aprender a decir no?
Aprender a decir no no resulta
una tarea sencilla, y menos cuando estamos acostumbrados a dar un si por respuesta. Una buena táctica
para romper el miedo y habituarse a decir no es decirlo cuando se tienen
argumentos contundentes y se está seguro
de que tu negativa no va a ser rechazada. Así, si se practica ante tales
situaciones iremos perdiendo el miedo para enfrentarnos a situaciones más
complicadas de rechazar.
Un NO a secas puede resultar a
quien lo recibe como cortante, seco. Por
ello, después del no es conveniente suavizar la respuesta proponiendo
alternativas a la propuesta, exponiendo y defendiendo nuestra postura con
claridad y firmeza, intentando no herir a la persona que lo recibe. Es de clara importancia que en la
negativa no haya sentimiento de culpabilidad. El no saber decir no conlleva
además posibles malinterpretaciones en las intenciones que tienen los demás
ante las propuestas que nosotros hacemos a los demás. Si uno mismo está acostumbrado
a decir si aun cuando deseara haber dicho no, cuando recibamos un sí de otra
persona a la que le hemos hecho una proposición, nos surgirá la duda de si esta
persona ha sido sincera con su respuesta. La confianza entre dos personas
aumentará si empezamos por dar nuestras respuestas según lo que realmente
pensamos, ya que esto fortalecerá el que creamos que las respuestas que
recibimos de la otra persona también son sinceras.
Conectar con nuestras
necesidades, deseos, opiniones nos facilitará el camino a ser sinceros con
nosotros mismos, con los demás y mostrarnos tal como somos. Con ello, nos
resultará más fácil responder con sinceridad a aquello que se nos propone.
Priorizar nuestras necesidades a las de los demás fortalecerá la visión que
tenemos de nosotros mismos y nos sentiremos que estamos actuando según nuestros
deseos personales.

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