Es una emoción producida por un peligro presente e
inminente. Se la considera nuestro ángel de la guardia nos pone a prueba cada día.
Está presente en todos nosotros desde nuestro
nacimiento y tiene un valor adaptativo.
Es útil porque nos evita correr riesgos innecesarios sino nos convertiríamos en
todo unos “kamizakes “. La mayoría son pasajeros y propios de una edad
determinada.
En los primeros años de vida se relaciona con los ruidos,
pérdida del sustento y personas desconocidas. Durante la educación infantil
aparecen los miedos a animales, heridas, separación de los padres, oscuridad, catástrofes
naturales, el hombre del saco… dicen que su presencia denota madurez. En la
enseñanza primaria surgen los miedos a fantasmas, brujas, soledad, tormentas. A
partir de la preadolescencia estos miedos se sustituyen por las desavenencias
de los padres y al ridículo. En la adolescencia se produce un giro radical y
aparece el miedo a la apariencia, a las relaciones, al fracaso escolar. Cuando
somos adultos nos da miedo otras cosas que nos despidan del trabajo, la
reunión del lunes, la hipoteca…
Todos estos miedos
pueden frenar en ocasiones nuestro
camino, y que no hagamos las cosas que
queremos hacer. Por lo que es importante darse cuenta de cuáles son esos miedos
conscientes e inconscientes, debes identificarlos y ponerles nombres para
distinguir unos de otros, porque sólo ellos te ponen obstáculos para lograr
tus objetivos. Antes de aprender a
caminar debes aprender a caerte, una y otra vez sólo así aprenderás a caminar.
Debes rebelarte y enfrentarte a ellos. Es tu enemigo y “al enemigo ni agua” tienes que desarrollar
el coraje suficiente para derrotarlo.
No permitas que nadie te ridiculice por ello “Tú no eres un
cobarde” todos alguna vez hemos tenido miedo ¿Y qué se puede hacer ante él? Cada
vez que tengas miedo tienes que usarlo como motivación, que te de fuerzas para
continuar tu camino “Porque tú puedes superarlo”. ¿Y cómo? Esa es la cuestión, “como
en el amor y la guerra todo vale”, debes exponerte a ellos, acércate poco a
poco, respira profundamente, relajado, convertido en todo un superhéroe. Piensa en
cosas positivas, canta, ríe, baila, juega a las “Olimpiadas de los Valientes”, cuenta
historias como “Tío Pies Ligeros” “EL Sastrecillo
Valiente” o “Los Tres Mosqueteros”
utiliza sábanas de las tortugas ninjas, luces, películas, elógiate: Eres
Valiente. Así te darás cuenta de que no pasa nada malo (normaliza la situación)
y conseguirás derrotarlo.
Porque el miedo me enseña hasta dónde soy capaz de llegar y
yo soy capaz de mucho más, soy capaz de superar todos mis miedos.
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