La dependencia emocional es un
estado psicológico que se manifiesta en las relaciones. No sólo existe en la
pareja, también puede darse en amistades, familia, etc. Las personas dependientes emocionalmente
tienen una necesidad excesiva de afecto y de ser queridos. En ellos, se dan
frecuentemente las distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de
la información proporcionada por su entorno. Algunos rasgos característicos de
estas personas son la baja autoestima, miedo a la soledad, autoanulación,
necesidad de agradar…Las personas de las que nos rodeamos hablan más de quienes
somos, incluso, a veces más de lo que nos gustaría.
Por suerte, la decisión de
cambiar depende de nosotros, somos nosotros los que decidimos si queremos
seguir anclados en este tipo de relaciones o, por el contrario, aprender de
ellas y superarlas. El control es NUESTRO. Para ello, la clave es pensar en ti
lo primero, que tu bienestar sea lo PRINCIPAL en tu vida. Cuando NECESITAS
URGENTEMENTE estar con una persona, esa relación es muy probable que no vaya a
funcionar. Primero tienes que aprender a estar solo para así poder querer a los
demás de una forma sana y madura. Aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de
la vida en solitario, dedicar tiempo a tus hobbies, viajar, y ante todo, mimarte y quererte como te
mereces.
Muy relacionado al tema de
dependencia emocional se encuentra el término de relaciones tóxicas. Son
frecuentes en parejas, amistades, compañeros de trabajo, familia… pero, ¿Cuándo
podemos temer que nos encontramos en una de ellas? Se trata de relaciones en las
que una o ambas partes tienen malestar emocional por el hecho de estar juntos, afectando
a la autoestima, cerebro, e incluso empeorando nuestra salud, llevándonos al
desgaste emocional. En ocasiones no nos mostramos tal como somos, reprimimos lo
que realmente pensamos o sentimos por miedo a un nuevo enfrentamiento.
Si este tipo de relaciones nos
desgastan tanto, ¿por qué nos autoengañamos y seguimos manteniéndolas a pesar
del dolor? Nos habituamos tanto a esta relación que entramos en un bucle en el
que no sabemos cómo salir de él, llegando al autoengaño, en el que nos intentamos
convencer a nosotros mismos de que esa relación debe seguir existiendo por ser
ya lo estipulado, por su duración, por ser a lo que nos hemos acostumbrado, e
incluso utilizamos frases como: “Es que somos el uno para el otro”. Gran parte
de culpa la tiene el miedo a estar sin esa persona, a la dependencia económica
y emocional, a una situación desconocida,… a pesar de que muy seguramente, si
aprendiéramos a gestionar una relación
así saldríamos ganando.
Para ser consciente de si estamos
envueltos en una relación tóxica, debemos intentar analizar objetivamente lo
que nos aporta esta relación. Esto no es un trabajo fácil cuando existe dependencia.
Para no afrontar la situación nos mentimos a nosotros mismos, ignoramos lo que hace que esa relación nos
queme, magnificamos las cosas positivas, y solemos pensar que la otra persona nos quiere a su manera. Es un
frecuente error intentar cambiar a la otra persona ya que sólo sucederá cuando
esté dispuesta a hacerlo. La manera más fácil, pero no por ello la que menos
trabajo requiere, es evolucionar nosotros. Esto exige responsabilidad, coger
las batutas de la situación y esfuerzo para salir de nuestra zona de confort
en la que nos encontramos con esta relación. Cuando nosotros evolucionamos,
cuando vemos la relación desde un peldaño más arriba con una perspectiva diferente, será cuando podamos
aprender a gestionarla. Es un trabajo en primer lugar personal, primero hemos
de trabajar en nuestro propio bienestar, y después interpersonal.
No es un proceso fácil, pero te
podemos asegurar que hay vida más allá de esa relación.
Adelante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario