No te pueden dar una noticia
peor, desde pequeño siempre has notado que no era un niño “normal” , no paraba
quieto ni un momento, se aburría en las clases, le interesaba las cosas de
adultos y si se catalogaban dentro de las “cosas prohibidas” para su edad, mucho
mejor.
En ese momento tu mundo se paraliza, te das cuenta de que tienes
problemas mucho más serios que la simple discusión porque no le gusta la comida.
Tú ya habías notado cosas, (es
verdad eso que dicen que los padres tienen un sexto sentido) en casa todo va de mal en peor, no respeta los horarios, consume drogas, roba, miente,
tiene problemas legales, deudas, no quiere hacer nada, se autolesiona, es habitual el chantaje
emocional y las amenazas físicas. Tus sentimientos hacia él son de enojo,
rechazo, dolor, desesperación, te preguntas una y mil veces: ¿Qué has hecho mal?
Te culpabilizas por todo lo que pasa, lloras y lloras, tu mundo se convierte en
un caos, sólo quieres escapar. Cerrar los ojos, volver a abrirlos y que todo haya
sido una pesadilla. Pero despiertas y tú día se convierte en el “día de la
marmota”, pides apoyo y cada uno te da una opinión distinta: unos te dicen que
lo eches a la calle (que verá las orejas al lobo), otros que debes denunciarle,
obligarle a que vaya a un centro de desintoxicación, que ingrese en una unidad
de psiquiatría…Debes vivir con el problema, para
darte cuenta de que cada decisión que tomes no sólo le afectara a él, también a
toda la unidad familiar y no existe en el manual de padres un capítulo que diga,
¿Qué debo hacer en este momento? Mientras unos no dejan de darte su opinión y te
consuelan, otros le rechazan, le excluyen, no preguntan por él, desaparecen de su lado, y te das cuenta que no
tiene a nadie, está solo y sólo te tiene a ti.
Que no es sólo un adicto,
delincuente, mala vida, que tiene algo
más y eso es una patología dual: problemas
relacionados con el abuso de sustancias y de problemas psiquiátricos (depresión,
TDAH, trastorno bipolar, de personalidad, esquizofrenia o psicosis). El consumo
de drogas es un factor de riesgo para el
desarrollo o para el empeoramiento de su enfermedad mental. En nuestro país más
de la mitad de los enfermos mentales consumen algún tipo de droga. Es un
círculo vicioso que se quiere ocultar a los ojos de la sociedad.
Que la familia acepte que no sólo
consume drogas, que también tiene una enfermedad mental es difícil y lleva
tiempo ya que se suele pensar que es consciente de todo lo que dice o hace, que sólo lo hace para hacer daño.Hay que comenzar por algún lado y reestablecer el control de la situación.Se debe empezar
desde cero, dejar claro que se le
apoyara incondicionalmente si inicia un tratamiento y cesa el consumo de sustancia. Debe respetar las
normas básicas de convivencia y tiene que saber qué cada conducta irá seguida de
una consecuencia (positiva o negativa). No se debe consentir en ningún
momento un episodio de violencia, porque se valoraría como un signo de vuelta a
la situación de caos. También es importante mantener
una estabilidad dentro del núcleo familiar y establecer el lugar que ocupa cada
uno en la familia.

Lo más complicado es que la persona tome conciencia de su problema, ellos creen que no les pasa nada, tienen una baja autoestima y motivación, miedo al cambio, al fracaso, a las opiniones de los demás y se niegan a tomar una medicación. Carecen de estrategias adecuadas para resolver sus problemas, y cuando se le exige responsabilidades aumentan su consumo de drogas por lo que sufren durante años fuertes recaídas y hospitalizaciones.
Entran y salen de los centros de drogodependencias y
de salud mental. No encuentran su sitio. Estas instituciones, desbordadas de
trabajo, no están preparadas para
atender a pacientes con este tipo de patología. Deberían existir más recursos (triste
realidad que hasta que no estás dentro no te das cuenta), lo que necesitan es
un centro con unidades especializadas en
el que dispongan de un tratamiento para su enfermedad mental y el consumo de
sustancias, que se lleve a cabo por los mismos profesionales clínicos.
Sería necesario centrarse en la abstinencia, adherencia al
tratamiento farmacológico, actividades terapéuticas, fortalecimiento de la
autonomía, competencia, el apoyo social y familiar.
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